ONDA 26 es el lugar del blog en el que nos acercamos al entorno de San Felipe, ya sea a través de noticias de la familia filipense, testimonios o cualquier otra manifestación del espíritu de Felipe Neri.

Felipe sabe que es peligroso fraguar la vida espiritual por uno mismo. Oír el parecer de un acompañante espiritual, de un confesor habitual que nos conozca y exprese su consejo es una incalculable ayuda para crecer espiritualmente por caminos seguros, y garantía contra la autosuficiencia, el orgullo, la soberbia y la prepotencia que pueden hacernos ver y oír aquello que queramos, alejándolos de lo que Dios quiera hacernos ver y oír. Además del reconocimiento de que nos sabemos necesitados, es expresión de la pobreza y de la humildad espiritual.

Dios cuenta con mediaciones para garantizarnos su voluntad. Eso de entendérselas uno solo con Dios directamente… suele resultar muy sospechoso.

De niño lo encontró en los dominicos; de adolescente en los benedictinos; de joven, ya en Roma, lo encuentra en Persiano Rosa, sacerdote amigo. Persiano lo ayudará a fundar la Trinidad de los Peregrinos y Convalecientes y celebrará la eucaristía y confesará al grupo de la cofradía asidua y frecuentemente.

Felipe era laico, y laico pensaba seguir. Muchas veces dijo que deseaba “servir a Dios como laico sin ser sacerdote ni confesor”. Pero no fue así. Dios tenía otros planes para él. Y es que “no basta que queramos y deseemos lo que es bueno sino que ha de ser lo bueno que Dios quiere de nosotros”.

Se hizo sacerdote “a la fuerza” y sólo por obediencia a su confesor, como lo declararon clarísimamente los testimonios recogidos en su proceso de canonización. A la “fuerza” de una convicción profunda suya: “en la vida espiritual no hay nada tan peligroso como la pretensión de querer guiarse por el propio parecer”; y por obediencia como corresponde a un hombre libre hasta de sí mismo.

En su decisión de ser sacerdote debió tener en cuenta signos de vocación vistos por su confesor y las grandes necesidades espirituales derivadas del Año Santo en la que serviría a Dios más útilmente. Tenía 36 años cuando fue ordenado sacerdote. Entonces dejó la casa de la familia Caccia que lo acogió desde qeu llegó a Roma para vivir en San Jerónimo de la Caridad, donde permaneció más de treinta años.

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