ONDA 26 es el lugar del blog en el que nos acercamos al entorno de San Felipe, ya sea a través de noticias de la familia filipense, testimonios o cualquier otra manifestación del espíritu de Felipe Neri.

Si Felipe, laico, era un apóstol lleno de vitalidad e ilusión contagiante, ahora con el recién estrenado ministerio sacerdotal aumenta su campo de apostolado; a todo lo que llevaba por delante le añade la celebración diaria de la Eucaristía, la dirección espiritual y el sacramento de la Penitencia. ¡Cuantas horas cada día en el confesionario! Era el lugar donde la pena y la angustia daban paso a la serenidad y a la alegría. Reconciliaba, consolaba, ofrecía alguna orientación y llenaba de paz a cuantos se acercaban, que eran muchísimos.

La confesión era para él, sobre todo, un encuentro con Cristo, con el amor de Cristo. Estaba seguro que este amor y la misericordia de Diso cambiarían al hombre. Claro que él colaboraba, como instrumento en manos del Señor, con su paciencia, bondad y disponibilidad siempre y en todo momento. Escuchar confesiones y dar orientación espiritual fue tan característico para el sacerdocio de Felipe que hasta el último día de su vida puede decirse de él que se convirtió en el apóstol de la confesión.

Por cierto, una anécdota: Además de santo y buen confesor tenía una psicología espiritual especial para llegar al interior de los penitentes, tanta intuición sabía que incluso cuando alguno, por despiste o vergüenza se le olvidaba manifestar algún pecado, Felipe antes de impartir la absolución le decía: «Y ahora dí eso que te falta decir». Buscaba la sinceridad para garantizar el auténtico perdón y la pureza interior, caminos de paz espiritual. Para él lo esencial era el corazón.

Y también la visita a las siete iglesias fue incorporada como novedad en su listado de apostolado como medio para alcanzar a todos la santidad. Esta práctica la realizó él solo varias veces. Luego con un grupo de más de veinte personas asiduas a sus reuniones. Más tarde cientos y cientos serpenteaban por Roma de basílica en basílica. En una rezaban, en otra celebraban la Eucaristía y todos comulgaban, en otra escuchaban una charla espiritual… y en la última, en Santa María la Mayor (en la imagen), terminaban asistiendo a vísperas.

A modo de peregrinación o romería festiva y alegre cantaban, charlaban y comentaban, de corazón a corazón, mientras iban de una a otra. Buena alternativa para los días de carnaval, pues solía hacerse en ese tiempo, queriendo encontrar y disfrutar la verdadera alegría que nada ni nadie puede quitar, la alegría interior, la sana alegría compartida en amistad y armonía.

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