El texto de Malaquías, a través de un lenguaje apocalíptico, alienta al pueblo justo que sirve enteramente al Señor, indicándoles que ya llegará el día en
que se hará sentir la justicia de Dios sobre los que no guardan su ley; que
ellos no son los que realmente dirigen el caminar de la historia, sino que es el
Dios amante de la vida quien la guía, conduciéndola por el camino de la paz
y de la vida.

Todos los que caminan por el camino del Señor serán iluminados por el “sol de la justicia” que irradia su luz en medio de la oscuridad, en medio del dolor y la muerte.
El salmo que leemos hoy es un himno al Rey y Señor de toda la Creación, quien dirige con justicia a todos los pueblos de la tierra, quien es amoroso y fiel con el pueblo de Israel. Dios es un Dios justo, que merece ser alabado por
todos, pues ha derrotado la muerte y ha posibilitado la vida para todos; por ello toda la Creación lo alaba, celebra la presencia de ese Dios misericordioso y justo en medio del pueblo liberado.

Es un salmo de agradecimiento por los beneficios que el pueblo ha recibido por tener su esperanza puesta en el Dios de la Vida.

Muchos de los creyentes de Tesalónica, específicamente las “clases superiores”, pensaron que no debían preocuparse por las cosas de la vida cotidiana, como el trabajo, y que más bien debían esperar, de brazos  cruzados, la inminente venida del Señor y dedicarse a la ociosidad. Pablo llama fuertemente la atención sobre esta errada actitud, pues son personas que viven del trabajo ajeno, son explotadores de los otros (esclavos) y que, gracias a ello, acumulan riquezas sin esforzarse en absoluto.

Es a ellos a quienes Pablo se dirige fuertemente: el que no quiere trabajar que no coma (v.10), ya que esta actitud no es propia de la enseñanza de los apóstoles. Puede ser que la presencia magnífica del templo de Jerusalén alentara la fe de los judíos hasta el punto de ser más significativos la arquitectura y el poder de la religión que el mismo Dios de Israel; pudo ser que fueran más importante los sacrificios, el ritual, la construcción majestuosa que las actitudes exigidas por el mismo Dios para un verdadero culto a él: la misericordia y la justicia social.

Por eso Jesús afirma que el templo será destruido, pues éste no posibilita una
relación legítima con Dios y con los hermanos, sino que crea grandes
divisiones sociales e injusticias que contradicen el fin de una experiencia de fe.

Es importante ir descubriendo en nuestra vida que la experiencia de fe debe
estar atravesada por el servicio incondicional a los demás, es así como vamos sintiendo el paso de Dios por nuestra existencia y es así como vamos
construyendo el verdadero templo de Dios, el cual no se debe equiparar con
edificaciones ostentosas, sino con la Iglesia-comunidad de creyentes que se
inspira en la Palabra de Dios y se mantiene firme en la esperanza de Jesús
resucitado.

Podemos concluir con esta breve oración:

Señor y Padre de la historia, enséñanos a transformar las relaciones
entre los seres humanos haciendo una historia humana de amor, de
libertad, de justicia, y de paz, que nos lleve a la construcción de la
humanidad nueva donde se explicite de manera efectiva el Reino de
Dios. Amén.

(fuente: caritas-sevilla.org)

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