SANTAS CUARENTA MUJERES, mártires de Heraclea

Aunque el relato de sus sufrimientos y de su martirio tiene todos los signos de la leyenda y de la hagiografía fantástica (que tanto han desprestigiado al género), parece que no hay ninguna duda sobre su existencia y su testimonio de fe. Las cuarenta mujeres son mencionadas por el calendario gótico, que las conmemora el 19 de noviembre como mártires en Berea, cerca de Heraclea; los sinaxarios y menologios griegos recuerdan el mismo grupo, pero el 1 de septiembre. El Martirologio Jeronimiano las recuerda también el 19 de noviembre, colocando el martirio de las 40 mujeres, esposas o viudas, en Heraclea de Tracia, esto se basa en el supuesto de Nicéforo Calixto, que considera que estas mujeres son las esposas de los 40 mártires de Sebaste (9 de marzo), pero esto no es posible documentarlo. La historia de su martirio se ha informado desde el primer Martirologio Romano y desde el Sinaxario de Constantinopla, y su historia fue considerada creíble por todas las fuentes antiguas, como el ‘Menologio’ de Basilio Porphyrogenito.

La ‘Passio’ reporta como cabeza del gran grupo de mujeres a Amón, diácono, maestro y promotor de su conversión al cristianismo: En los primeros años del siglo IV -pasada la gran persecusión de Dioclesiano- la persecución contra los cristianos ocurría de forma esporádica; Licino, emperador de Oriente (coemperador con Constantino), envió como funcionario en Berea a su mensajero Baudo, que, acabado de llegar, recibe una queja contra la priora Celsina y las cuarenta vírgenes y viudas que se unieron a ella en comunidad monástica. Celsina, después de un interrogatorio en el que parece que se someterá a la voluntad del funcionario, se retira en oración, y es exhortada a permanecer firme por el diácono Amón. Durante la segunda audiencia estaba presente toda la comunidad de monjas, los ídolos se desmoronaron y el sacerdote de Zeus fue levantado en el aire por ángeles de fuego, y mientras Amón y las 40 las mujeres se retiraban, cayó al suelo.

Como suele ocurrir en estas «pasiones» el funcionario se inflama de mayor furor, y luego de una repetida serie de prodigios Baudo se arrepiente de la tortura y remite el grupo entero a Licino, en Heraclea. El emperador ordenó que fueran arrojadas todas a las fieras, pero los animales no quisieron tocarlas; entonces Licinio mató a Amón el diácono, a Celsina, la priora, y en una inenarrable andanada de torturas -que omitimos por decoro- al resto.

La fecha del martirio, en vista de los años de gobierno de los emperadores Constantino y Licinio y el edicto del año 313, que puso fin a la persecución, se puede suponer en torno al 312. (fuente: Testigo fiel)

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