El Señor este domingo nos habla de manera directa y tajante. Nos pide que tengamos una sana
doctrina, pero basada y fundamentada en una práctica de la justicia en todas sus dimensiones.

Anunciar, exponer o decir que seguimos determinadas doctrinas o normas es muy fácil, lo
difícil es practicarla. Por ello, urge en revisar nuestras prácticas y nuestras creencias.

El Señor nos propone que nos preocupemos por realizar lo que nuestras doctrinas y fórmulas
contienen. Lo fundamental de toda la doctrina cristiana, contenida en el evangelio, es la práctica
comunitaria de la caridad expresada en una exigencia irrevocable de justicia.

La comunidad cristiana existe para enunciar buenas noticias a la humanidad. Se convierte ella misma en buena noticia cuando transforma las realidades de muerte en caminos hacia la vida en abundancia y no cuando se anuncia a sí misma.

Como discípulos de Jesús, el único Maestro, estamos llamados a llevar un estilo de vida coherente y a vigilar nuestras relaciones con Dios y con los otros. El servicio, la humildad y gratitud, nacen de la conciencia de haber sido engendrados a una vida nueva por el amor del Padre, solo con estas actitudes interiores evitaremos comportamientos arrogantes, teatrales e irrespetuosos con los más débiles, que se contrapone con la dignidad de los miembros de la Iglesia y de toda la humanidad en
cuanto hijos del Padre.

Si conseguimos ser humildes discípulos y extendemos las manos a los demás, ofreceremos un auténtico testimonio cristiano. Cualquier cosa que haga el hombre farisaico procede su egoísmo. En todo persiguen su propio interés, aún sin darse cuenta de ello.

Dios no tiene en cuenta este tipo de obras. Consciente o deliberadamente buscan sus propios gustos, provechos, comodidad o utilidad interior. Distan mucho de poner en práctica el mandamiento del amor, mensaje central del Señor, con todo el corazón, con toda el alma, con todo su espíritu. Nada cuentan sus obras ante Dios.

Que en nuestras relaciones comunitarias no prevalezca la búsqueda del interés propio, sino el don inestimable de la humildad, la fraternidad y la justicia que nace de seguir a Jesús, tener un único Padre, y saber que su mayor gloria es servirlo en los más pobres.

Señor de poder y misericordia, que has querido digno y agradable por favor tuyo el servicio de tus fieles, concédenos caminar sin tropiezo hacia los bienes que nos prometes.

Amén.

(fuente: caritas-sevilla.org)

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