Razón tiene Juan el Bautista cuando nos dice que en medio de nosotros hay uno a quien no conocemos. Aunque el nombre de Jesús llene nuestras bocas y se celebren fiestas conmemorando acontecimientos de su vida, no todos los que los que dice conocerlo, se han encontrado con él y han dado un nuevo horizonte a su vida y a su proyecto vital como persona.

Es un reto para todos los creyentes y “practicantes” propiciar el encuentro de nuestros hermanos con el Señor. Encuentro que no solo es necesario para aquellos que no están bautizados o son de otras creencias, sino para la gran mayoría de los que un día recibieron los sacramentos de la iniciación o al menos algunos de ellos.

Cada vez mas nuestra sociedad está cayendo en un agnosticismo práctico, acompañado de la indiferencia religiosa, por lo que va desapareciendo la base religiosa que generación tras generación han transmitido nuestros mayores.

Y esto no es un hecho baladí, la que conlleva la pérdida del sentido de la vida, de la razón por la que es primordial cultivar la dimensión personal espiritual y corporal y aboca a una sensación de soledad que solo nos lleva a buscar obsesivamente los propios intereses y privilegios.

Como no hay dos sin tres, como todo lo personal infiere en lo social, por mucho que se proclame que cada uno puede hacer lo que quiera mientras no moleste a los demás, el individualismo personal lleva al debilitamiento creciente de la solidaridad en lo económico y en lo personal.

Jesús, cuando hace suyo el programa que se proclama en el libro de Isaías, hace presente el cumplimiento, no solo porque lleva a cabo lo que había sido prometido, sino porque él cumple y en él se cumple el evento decisivo de la historia de Dios con el hombre.

Es la gran noticia para cada hombre y para la humanidad, y debemos llevarla a todas las personas que tengamos más próximas. Tenemos que como Juan Bautista proclamar que el Señor está aquí, aunque a simple vista no lo veamos.

Sin complejos hemos de anunciarlo con alegría y constancia, sabiendo que muchos nos pondrán en entredicho por ello. Es nuestro motivo de alegría el saber que está con nosotros y entre nosotros.

Las que la Iglesia nos propone para este domingo dejan muy claro este mensaje de alegría. En Isaías nos dice “porque me ha vestido un traje de gala, también a los oprimidos”, con Pablo, “que el Señor está cerca y viene a salvar” y con María, “porque ha mirado la humillación de su esclava”.

Que la alegría de la certeza de que el Señor está con nosotros sea clave de nuestro vivir y actuar como cristianos.

Estás viento, Señor, como tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación y poder celebrarla con alegría desbordante. Amén.

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