Juan vuelve a señalar de nuevo a Jesús «He ahí el Cordero de Dios». He ahí el Cordero que se deja conducir al matadero, para derrotar al mal. He ahí la respuesta a las esperanzas de felicidad, de amor, de curación, de paz, de fin de divisiones.

«Ver», descender en el corazón del otro y a la vez dejarse escrutar por el propio. «Ver», es comprender y ser comprendido. Juan indica a los dos discípulos a Jesús y ellos lo ven. La iniciativa viene de Dios, pero el corazón de los dos discípulos no está vacío, ni tranquilo, ni apegado a las cosas de siempre. Los dos tienen el deseo de una vida nueva para ellos y para los demás. Necesitan un «Maestro» a quien seguir y una «casa» donde habitar.

Para Andrés y Juan, es el Bautista quien les indica al Señor, del que tienen verdadera necesidad y puede dar sentido a sus vidas. Misión de cada uno de nosotros es señalar al Maestro ante las personas que se relacionan con nosotros.

Los discípulos se ponen a seguir a Jesús, pero a distancia. Jesús en un momento se da la vuelta y le pregunta «¡Qué buscáis?». Es la iniciativa por parte de Dios. Es Jesús quien se da la vuelta y «mira» a los dos discípulos.

Es la relación del «ver», porque es directa la relación entre todos los personajes que intervienen: Juan se fija en Jesús, después Jesús se da la vuelta y ve a los dos discípulos y les invita a «venir y ver». Ellos le siguen y «ven donde vive» y por último el Maestro «fija su mirada» en Pedro dándole un nuevo nombre, un nuevo destino.

También hoy en día buscamos maestros a quien seguir y casas en las que habitar y nos los encontramos. El mundo en que habitamos parece estar construido para que reine la individualidad y no la solidaridad, para que solo se desarrolle en nosotros la mentalidad utilitarista y consumista, la carrera tras el bienestar individual, lo que termina dejándonos a todos profundamente huérfanos y en reciprocidad rivales.

Jesús ante esto responde invitándolos con la frase «venid y lo veréis»; no tiene una doctrina concreta, sino una experiencia de vida que comunicar; una amistad que se puede ver, sentir y tocar. Los discípulos entran en amistad con el Maestro, y se sienten transformados.

Quedarse con Jesús no encierra, no bloquea, no reduce los horizontes, al contrario empuja a salir fuera del propio individualismo, a lanzarse a anunciar a todos el descubrimiento fascinante de quien es infinitamente más grande que nosotros, el Mesías.

La vida de los dos discípulos cambió, su encuentro con Jesús creo fraternidad y alegría. Ya nada sería igual, había nacido una nueva fraternidad, una nueva forma de actuar. Por eso Andrés se lanza a actuar como Juan el Bautismo, señalando a Jesús ante Pedro. «Hemos encontrado al Mesías», le anuncia con gozo.

La palabra debe ser comunicada, de lo contrario se pierde. La luz no se enciende para ponerla debajo de la mesa camilla. He encontrado el futuro, el sentido, la esperanza, lo que buscaba ¡mucho más que lo que deseaba!

Enséñanos, Señor a comunicar con pasión tu esperanza a quien busca futuro y salvación. Que te demos siempre gracia porque sigues haciéndonos estar contigo.

Enséñanos a detenernos para conocerte como único maestro y pastor de nuestras vidas.

Dios todopoderoso, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escucha paternalmente la oración de tu pueblo, y haz que los días de nuestra vida se fundamenten en tu paz.

Amén.

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