La actitud de Jesús ante Pilato deja claro la libertad con que el Maestro actúa frente al poder y a todo poder.

Es preciso, por tanto llegar a convicciones propias, a integrar y a personalizar la fe que hemos recibido, pero sin ceder a la tentación de ponernos en manos de quien nos engaña pensando por nosotros o nos condiciona hasta quitarnos la personalidad y la libertad.

Jesús nos quiere de su talle, entusiasmados con su verdad, conscientes de nuestra dignidad de hijos de Dios, responsables del proceso personal de integración en la fe en la vida, con el crecimiento humano y espiritual que esto supone.

Como también a nosotros, a Jesús le afecta la ideología dominante, la organización política y la estructura económica. No solo le afecta, sino que condiciona su predicación del Reino de Dios y la propuesta de novedad que trata de introducir en su nombre, tanto a nivel de ideas, como de comportamiento. Pero Jesús es libre, completamente libre, frente a toda idea, poder o tentación. Nadie consigue hacérselo suyo para dominarlo.

Sin embargo siempre tiene una palabra y una propuesta liberalizadora para cada uno. Y espera la respuesta. Unas veces será la adhesión incondicional llena de amor y seguimiento; otras, por desgracia, el rechazo o incluso el conflicto permanente con la intención de eliminarlo.

Jesús hace presente que su realiza no tiene su origen en ninguno de los mecanismos humanos guiados por la obsesión del poder ni por la fuerza que dan las armas. Se trata de una justicia superior, la que recupera como centro de la vida la voluntad de Dios afirmando la primacía del Amor.

Este es el núcleo del Evangelio, el Reino de Dios, la Buena Noticia de la que Jesús se hace portavoz.

Ante Pilato, Jesús no solo formula preguntas, sino que Él mismo es la respuesta «Yo soy el camino, la verdad y la vida», verdad que para nosotros será don de su Espíritu, el Espíritu de la verdad prometido por Jesús.

Lleguemos a la verdad por la obediencia a la fe, como respuesta personal a Dios y adhesión a Jesucristo en la construcción de este Reino.

La atención a Jesús y su Palabra es ya un acto supremo de libertad, porque es abrirnos a la verdad, a una verdad que, como Él mismo dice «os hará libres», ya que «es para la libertad que Cristo nos ha liberado.» Se trata de «no avergonzarse de dar testimonio de nuestro Señor». Y de «guardar una conciencia irreprochable ante Dios y ante los hombres.» Nos invita a ser sinceros y honestos del todo.

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy amado, Rey del Universo, haz que toda la creación, liberada de la esclavitud del pecado, sirva a tu majestad y te glorifique sin fin. Amén.

(fuente: caritas-sevilla.org)