El domingo día 13 de Octubre, en Tarragona, será la beatificación de más de 500 mártires por la fe en España del siglo XX. Entre ellos hay un oratoriano que fué obispo de Lérida: Mons. Salvio Huix Miralpeig.

Con motivo de celebrarse en Tarragona la beatificación, la Diputación Permanente, máximo órgano del Oratorio, se reune presididos por su Secretario en Barcelona en los días 12 a 18 de Octubre para mantener su reunión anual. Sus componentes son los siguientes

P. Michele Pischedda, C.O. di Brescia Deputatus pro Italia et Gallia

P. Stefano Bertolini, C.O. di Prato Deputatus Alter pro Italia

P. Rafael Muñoz Pérez, C.O. di Sevilla Deputatus pro Hispania

P. Mirosław Prasek, C.O. di Radom Deputatus pro Polonia

P. Marco Guillen, C.O. di Toronto Deputatus pro Anglia, Canada et Africa Meridionali

P. Philipp Maria Karasch, C.O. di Wien Deputatus pro Germania, Conf. Helvetica, Austria, Nederlandia et Lithuania

P. Philip Bochanski, C.O. di Philadelphia Deputatus pro Confoederatione Statuum Americanorum

P. Said Martínez Alcántara, C.O. di Mexico-San Pablo Deputatus pro America Latina

P. Germán Saksonoff, C.O. di Mercedes-Lujan Deputatus Alter pro America Latina

1 p._huix2Además, con este motivo de beatificación, a mediados del pasado mes de junio, tuvo lugar en Lleida la presentación de un libro sobre su vida. Es una reedición del que escribió el Dr. Narciso Tibau y Durán en el año 1948 y la revisión de esta obra, según los capítulos, ha corrido a cargo del Obispado de Vic, de los Padres del Oratorio de San Felipe Neri, también de Vic, y de los Obispados de Ibiza y Lleida.

Salvio Huix Miralpeix, nació en la casa Huix, comarca de La Selva (Girona), el 22 de diciembre de 1877. Hijo de Juan Huix Montalt, propietario agricultor y de su esposa María Miralpeix Costa, padres de siete hijos. Fue bautizado en la parroquia de Sta. Margarita de Vellors, diócesis de Vic.
En su casa residía siempre un sacerdote. La Misa diaria en el oratorio familiar, el Rosario en familia, la visita al Stmo. Sacramento y los meses de María y del Sgdo. Corazón, eran las prácticas habituales de su piadosa familia.
A los 12 años, ingresó en el seminario de Vic, donde cursó los estudios de Retórica, Filosofía y Teología, siendo ordenado presbítero el 19 de septiembre de 1903. Cantó su Primera Misa en el Santuario de la Virgen del Pedró, cercano a su casa natal.
Fue nombrado coadjutor de la parroquia de Ntra. Sra. Del Coll, y en 1905 pasó a San Vicenç de Castellet, también como coadjutor.1 Beato monseñor P_ Huix1
En 1907 ingresó en la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri de la ciudad de Vic. Allí se entregó a la dirección de jóvenes y padres de familia, a la atención de enfermos y obras de beneficencia. Se le confió el cargo de Director de la Congregación Mariana de Vic. Como tal, organizó la primera asamblea de Congregaciones Marianas de Cataluña, que tuvo lugar el día 1 de mayo de 1921.
Por encargo de su obispo, Mons. Muñoz Izquierdo, organizó la solemnísima coronación de la Virgen de la Gleva, patrona de la Plana de Vic. También desempeñó el cargo de profesor de Ascética y Mística en el Seminario diocesano, ganándose de tal modo la confianza de sus alumnos, que lo escogieron como confesor y director espiritual.
En 1927, al reinstaurarse la diócesis de Ibiza, fue nombrado Obispo Administrador Apostólico, diócesis que había sido suprimida por el Concordato de 1851 e incorporada a la de Mallorca. Fue consagrado en la catedral de Vic, por el Nuncio de S.S. Monseñor Federico Tedeschini, asistido por Mons. José Miralles, obispo de Mallorca, y Mons. Juan Perelló, obispo de Vic.
1 SalviHuixEn los siete años que gobernó la diócesis de Ibiza, reformó y amplió el Seminario, atendió a los sacerdotes ancianos y desvalidos, fomentó los retiros mensuales del clero diocesano, y al llegar los difíciles años de la II República, organizó colectas y subscripciones para no dejar desatendidos a sus sacerdotes.
Impulsó la Acción Católica como instrumento de transformación de la sociedad. Fundó la Obra de los Ejercicios Espirituales, con numerosas tandas para hombres, mujeres y jóvenes. Con sus escritos pastorales, fomentó la devoción al Stmo. Sacramento, al Sgdo. Corazón de Jesús y a la Stma. Virgen, bajo la advocación de las Nieves (5 de agosto), patrona de Ibiza.
Después de su visita pastoral a Ibiza y Formentera, convocó el Sínodo diocesano del que salió el Catecismo castellano-ibicenco y se preocupó por la enseñanza religiosa en los colegios de la Isla.
En enero de 1935 fue trasladado a la diócesis de Lleida, como sucesor del obispo Irurita, trasladado a Barcelona. Allí continuó promocionando la Acción Católica, creó el Asilo para sacerdotes ancianos, impulsó la enseñanza religiosa y las Congregaciones Marianas.
El 20 de julio de 1936 empezaron en Lleida las matanzas y los incendios. Tras un primer asalto al Palacio Episcopal, del que Mons. Huix salió ileso, a mediodía se refugió en casa de una familia vecina, y unos días después marchó a la huerta de Lleida, en casa de unos labradores. Al crecer la persecución, y para no comprometer con su presencia a la familia que le había acogido, el Obispo decidió entregarse a la Guardia Civil, siendo conducido a la prisión de Lleida.
Allí destacó en la práctica de las virtudes cristianas; distribuía cada día entre los presos más necesitados la comida que le traían, no permitió ser relevado en los oficios más bajos, animaba a todos con su palabra, confesaba a cuantos acudían a él, y el 25 de julio celebró clandestinamente la Eucaristía, distribuyéndola entre los presos.
1 bisbeLlegó una orden de Barcelona para que los presos de recia personalidad, fueran conducidos allí para ser juzgados por un tribunal. En el camino del traslado, al pasar frente el cementerio, les cerró el paso un grupo armado que hicieron apear a los viajeros. Al bajar, el Obispo dijo :”Ja som a Sants!”, frase popular catalana que indica final del viaje.
Era la madrugada del 5 de agosto, fiesta de Ntra. Sra. de las Nieves, patrona de Ibiza, fue conducido con veinte presos más, seglares católicos, al cementerio de Lleida. Él pidió ser fusilado el último, y así consiguió dar la absolución a todos sus compañeros de martirio. El gesto molestó a un miliciano y cuando el tiro disparado le hirió la mano derecha, Mons. Huix levantó penosamente la izquierda. Ejerciendo su ministerio, consumó su entrega total a Dios y a las almas.

(artículo de Miquel Rierola i Puigderajols. Fuente: Temes d’avui, revista teológica)

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