ONDA 26 es el lugar del blog en el que nos acercamos al entorno de San Felipe, ya sea a través de noticias de la familia filipense, testimonios o cualquier otra manifestación del espíritu de Felipe Neri.

Felipe, “ya entrado en años”, ha visto cómo el Oratorio ha tenido que ir buscando espacios más amplios por la cantidad de personas que lo frecuentaban. Primero su habitación, luego los altos de la iglesia de S. Jerónimo de la Caridad, más tarde la iglesia de San Juan de los Florentinos y, finalmente, Santa María del Vallecito (Chiesa Nuova) a la que César Baronio (su “sucesor”) llamará “casa nostra”.

Chiesa Nuova (1575)

Chiesa Nuova (1575)

Ya estando en San Juan de los Florentinos, no daba abasto para atender a tantas personas y a las tareas que se realizaban en las reuniones del Padre Felipe. Por eso animó a ordenarse sacerdote a aquellos que más frecuentaban el Oratorio. Comenzaron siendo tres o cuatro, para llegar a TREINTA Y TRES. El Papa pidió (más bien exigió) a Felipe que le diera “forma” al grupo surgido.

Y nació la Congregación del Oratorio, aunque mejor debía llamarse Congregación para el Oratorio. Dice un escritor que “el Oratorio es el resultado de un alma excepcionalmente interior y una mentalidad excepcionalmente abierta”. Otro afirma que “San Felipe habría preferido un Oratorio sin Congregación a una Congregación sin Oratorio”.

Jamás pensó fundar una congregación. Pensaba que en la Iglesia “ya estaba todo inventado” para ofrecer a cuantos desearan realizar su vocación sacerdotal o religiosa. Pero no era así. Faltaba esta inspiración del Espíritu novedosa y rompedora de moldes entre lo existente desde siglos (benedictinos, franciscanos, dominicos…) y lo surgido en ese siglo XVI (jesuitas, teatinos, somascos…) ¡Una Congregación formada por sacerdotes seculares y laicos, todos sin votos, con vida de comunidad  y vida apostólica! Solía decir que fue María, la Virgen y Madre, la fundadora de la Congregación, y que si a sus hijos debía conocérseles y llamárseles de alguna forma, ésa sería “Hijos del Espíritu Santo”.

Si Felipe era el alma del Oratorio, la Congregación era su núcleo, su corazón.

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